Carnaval & Arte

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Salvador Dalí en Sao Paulo

salvador_dali¡Salvador Dalí está en Sao Paulo! Una voz tenue y misteriosa recorría los pasillos del Instituto Cervantes de Sao Paulo, queriendo anunciar este suceso extraordinario en la vida cultural paulista.

Efectivamente Salvador Dalí desembarcó en la capital cultural de América Latina y con él toda la extravagancia de su obra.

He de confesar que Sancho y yo no pudimos pegar ojo durante toda la noche, palabras textuales de Sancho, estábamos tan nerviosos que casi provocamos un par de accidentes de tráfico hasta nuestro destino: el Instituto Tomie Ohtake.

Tan pronto como aparcas tu coche, lógicamente en su correspondiente aparcamiento, empieza el espectáculo. El edificio es imponente, espectacularmente colorido. Sancho, como él dice, estaba acojonado de miedo, no por el edificio en sí mismo, sino porque una exposición en Sao Paulo puede conllevar 3 o 4 horas de espera.

No sé si era el día, si era verano y los paulistas prefirieron esperar cola en la carretera que va a la playa, el caso es que no había casi cola y pudimos disfrutar plenamente de la exposición y de los secretos de Dalí.

La primera atracción de la Exposición era una foto de Salvador Dalí que probaba la imaginación del visitante, podías cogerle o cortarle su famoso bigote o cualquier otra cosa que se te pasase por la cabeza, sin lugar a dudas, Sancho no defraudó a la parroquia.

La exposición contaba con cuatro salas donde podríamos encontrar cuadros, dibujos, fotografías, ilustraciones de Don Quijote, etc. , todos ellos venidos de los lugares más recónditos del mundo, incluido el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid. El ambiente en las salas era terriblemente daliniano, se respiraba Dalí por todo el recinto. Miré a Sancho, él también tenía los pelos de punta.

Aún así, debo apuntar que eché en falta algunas de las obras más importantes del genio como El gran masturbador, La persistencia de la Memoria o alguna referencia a su contribución a Chupa Chups, pero en esos momentos de éxtasis todo aquello carecía de importancia.

Y cuando ya creíamos que todo había acabado, vimos mucha gente esperando para entrar en una sala pequeña. Sancho dijo que si la gente esperaba sería por algo, pero en Sao Paulo no siempre es así, a regañadientes esperé mi turno. Menos mal, fue la mejor sorpresa de la Exposición, la razón de madrugar un día de vacaciones. Sancho y yo pudimos entrar en el salón diseñado por Dalí. Sencillamente maravilloso. Además pusieron un espejo para que los visitantes pudiesen fotografiarse sentados en un sillón en forma de labios, sin necesidad de recurrir al famoso selfie.

A la salida de la exposición, pensé, hasta pronto Salvador, en mi opinión el más grande de todos los genios. Realmente, sí Salvador, el surrealismo eres Tú. No metimos en el coche y nos adentramos en el tráfico de Sao Paulo.

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El Greco

El hijo adoptivo de España

Esta semana Quijote y Sancho va a analizar la obra del El Greco, un pintor muy singular. Aunque no nació en España, siempre es considerado uno de los grandes exponentes del Arte español. Este año se celebra el IV Centenario de la muerte del Greco, por ello se ha programado una gran reunión de obras del artista que congregará la mayor parte de su producción, llegará de todos los rincones del mundo. Grandes muestras de la obra del artista centran la amplia programación del Año del Greco, que tiene su escenario principal en Toledo.

Doménikos Theotokópoulos (Candía, 1541-Toledo, 1614), conocido como el Greco («el griego»), fue un pintor del final del Renacimiento que desarrolló un estilo muy personal en sus obras de madurez.

Hasta los 26 años vivió en Creta, donde fue un apreciado maestro de iconos en el estilo posbizantino vigente en la isla. Después residió diez años en Italia, donde se transformó en un pintor renacentista, primero en Venecia, asumiendo plenamente el estilo de Tiziano y Tintoretto, y después en Roma, estudiando el manierismo de Miguel Ángel. En 1577 se estableció en Toledo (España), donde vivió y trabajó el resto de su vida.

Sin lugar a dudas, estas influencias fueron decisivas para conformar un estilo único y original en las obras de madurez, ya en España, que no abandonaría hasta su muerte. Su obra principal es El Entierro del Conde Orgaz, el cuadro, realizado para la iglesia de Santo Tomé en Toledo, se encuentra todavía en su lugar. Muestra el sepelio de un noble toledano en 1323, que según una leyenda local fue enterrado por los santos Esteban y Agustín. El pintor representó en la comitiva de forma anacrónica a personajes locales de su tiempo, incluyendo también a su hijo. En la parte superior, el alma del muerto asciende al cielo, densamente poblado de ángeles y de santos. El entierro del conde de Orgaz muestra ya su característica elongación longitudinal de las figuras, así como el horror vacui (miedo al vacío), aspectos que se harían cada vez más acusados a medida que el Greco envejecía. Estos rasgos provenían del manierismo, y persistieron en el trabajo del Greco aunque habían sido abandonados por la pintura internacional algunos años antes.

Después de este cuadro se doblaron el número de encargos y muchos mecenas apostaron por él, por lo que empezó a nacer el mito El Greco, como artista completo y singular. En esta etapa podemos destacar Inmaculada Concepción, realizada para la capilla Oballe de Toledo, en esta obra los alargamientos y los retorcimientos nunca antes habían sido tan exagerados o tan violentos, la forma alargada del cuadro concuerda con las figuras que se elevan hacia el cielo, lejos de las formas naturales. También se pueden destacar El quinto sello del Apocalipsis o La adoración de los pastores.

Los críticos de Arte de la época reconocían en El Greco gran dominio técnico pero estaban totalmente desconcertados con la singularidad del pintor, sus formas alargadas y distorsionadas que las elevaba hacia el cielo. Podemos disfrutar de su obra religiosa por todos los rincones de Toledo, donde se ubica el Museo El Greco.

También merece la pena ver “El Greco”, una película de Yannis Smaragdis, que muestra la vida del pintor así apodado, desde sus inicios como pintor de iconos en la isla de Creta hasta su triunfo en Toledo.

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Gaudí

Antonio Gaudí fue el principal exponente del modernismo catalán. Nació en Reus en 1852 y era un apasionado de Cataluña y su cultura. Algunos críticos de arte dicen que Barcelona no sería lo que es si no fuera por la creación de Gaudí.

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Plácido Domingo

Para los amantes de la música, hoy vamos a analizar la obra de Plácido Domingo, uno de los famosos tres tenores, junto con Carreras y Pavarotti.

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Dalí

Considerado por algunos críticos como un genio, Salvador Dalí fue el artista de más repercusión internacional en España. Artista inteligente, controvertido, alborotador y, sencillamente, surrealista ocupo portadas de revistas y periódicos debido a su comportamiento en las reuniones sociales de la época.

Artista completo que cultivó casi todos los géneros artísticos, la escritura, la escultura, el cine, el arte, la decoración, la pintura. Incluso colaboró con Walt Disney para hacer unos dibujos muy del gusto de Dalí. Asimismo también creo el logotipo de Chupa Chups.

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Picasso

Pablo Picasso es uno de los artistas más célebres de España. Nació en Málaga y más tarde se traslado a Barcelona para estudiar.

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